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Ventajas de la certificación en calidad



 

En realidad, debería decir ventajas para la empresa de la gestión de la calidad, que lo realmente importante no es tanto la certificación como las prácticas consolidadas de gestión, que es lo que aporta valor a largo plazo.


La certificación (ISO 9001 –requisitos para la certificación en calidad-, ISO 14001 –referida a sistemas de gestión ambiental-, Q de Calidad Turística; …) como los sellos en gestión de calidad reconocidos internacionalmente (Fundación Europea para la Gestión de la Calidad –EFQM-; modelo norteamericano Malcolm Baldrige; o modelo Deming en Japón), no son sino la confirmación por parte de una tercera parte debidamente acreditada de que la empresa hace las cosas correctamente, tomando en consideración al cliente, con implicación de toda la plantilla de la organización, y con la mejora continua como el sistema de gestión de la compañía.


Y es este reconocimiento por parte de un tercero independiente, objetivo y al que el mercado ofrece credibilidad, lo que permite a la compañía mejorar su imagen facilitando la aproximación a clientes a los que no se tenía acceso o participar en concursos vetados con anterioridad para la empresa, lo que impacta directamente en el volumen de negocio de la sociedad y, con una gestión de precios correcta, en la rentabilidad de la compañía. Y a través de la mejora continua, la certificación mejora claramente los costes y, por tanto, afecta otra vez a los resultados operativos.


Este impacto en resultados, según la Organización Internacional de Estandarización (ISO) puede suponer en torno a un 5%, sin considerar las oportunidades perdidas por no admisión a concursos que exijan estas certificaciones.


La eficiencia, factor fundamental para discriminación positiva de las empresas en el mercado, puede mejorar sensiblemente con la gestión de la calidad y su plasmación en una certificación generalmente reconocida, en sus aspectos tanto de costes como de ingresos y control exhaustivo de todos los procesos de la compañía.


Pero evidentemente la certificación no es el final de ningún camino; es solo un punto de control para confirmar que seguimos haciendo las cosas bien porque la calidad, en realidad, no es un destino, sino el camino por el que discurre el día a día de la compañía, con los tres elementos clave mencionados en cualquiera que sea la certificación que busquemos: la mirada siempre puesta en el cliente –que debe inspirar toda nuestra actuación-, participación de todos los empleados –la empresa debe ser el compromiso compartido por todos los que formamos parte de ella- y mejora continua de la organización interna, de los productos, procesos y sistemas de gestión.


Es cierto que algunos hablan de inconvenientes para la implantación de certificaciones, incluso de su poca utilidad teniendo en cuenta los costes de implantación y no los beneficios esperados, las dificultades de los cambios que debe abordar la empresa, el exceso de documentación asociada a la normalización de procedimientos, la pérdida de flexibilidad de la empresa como consecuencia de esa normalización, etc., que en realidad no son más que justificaciones para no acometer los cambios que son necesarios en la compañía y que, en efecto, en ocasiones pueden desestabilizar un status quo que resulta difícil modificar cuando está muy arraigado.


Trabajar con calidad, y una certificación es una guía magnífica para hacerlo, no solo es necesario para las empresas hoy, sino que resulta imprescindible para competir en este entorno global y muy competitivo que encontramos las empresas en cualquier sector de actividad.

Fuente: AlicantePlaza